Me encanta permanecer conectada a cualquier “messenger” todos los días en mi trabajo. Mantener el contacto ahora que no estoy en mi país con mi gente es muy importante para mi. A veces, me emociono mucho cuando mi madre, una señora quien hace unos pocos años era ajena a la tecnología y que vive en un pueblo de los que llaman tercermundistas, aparece online por momentos y conversamos. Las personas que se conectan primero son las que comienzan a trabajar temprano; aproximadamente a las 15.30 hrs de Madrid. Y van aparecen uno a uno mis hermanos, amigos, familiares, excompañeros de trabajo, etc. etc. etc…
Hace una semana uno de mis excompañeras, Denia, escribió: “he escuchado un ruido muy extraño fuera de mi oficina, un sonido muy fuerte, como si algo muy pesado hubiera caído al suelo, ya regreso…” en un par de minutos, poco menos de las 18.oo hrs aparece su ventana del messenger de hotmail me dice: “Se ha caido un avión en Toncontín, justo hace unos cinco minutos”. ¡Santo cielo! digo yo ¿y que pasó? ¿hay muertos? ¿cómo fue?. Pregunto además si hay algún canal hondureño online que esté transmitiendo en vivo la primicia. Hay uno, Mayavision, pero es una dolor de cabeza tratar de verlo, carga con mucha lentitud y hace muchas pausas. Busco en la prensa de internet escrita y no hay nada aún. Entonces me recomiendan sintonizar Radio América online, una emisoria hondureña que es casi una leyenda y que finalmente se proyecta al mundo, via internet. Allí sí están transmitiendo en directo desde el lugar del accidente. El avión se ha salido de la pista y yace humeante sobre la calle que comunica al barrio El Pedregal con el Buelvard CCEE o mejor dicho para los capitalinos “frente a Camosa”, muy cerca de la empresa donde trabaja mi amiga informante.
Los detalles periodísticos indican que hay unos automóviles abajo del avion y deletrean el número de matrícula de los que se dejan ver y yo me pregunto, qué familia está escuchango igual que yo esta información y reconocerá el número de la placa del carro y saldrá como loca corriendo al lugar del accidente. Yo empiezo a desear conocer las matriculas de los coches de mis familiares y amigos, para salir de dudas… aunque es poco probable.
En pocos minutos ya han anunciado que se presume la muerte de personalidades importantes. Puff.. estoy ansiosa con la noticia, presiento que alguien conocido viajaba en ese avión. Prefiero no preguntar y justo en ese momento me distraen las labores de mi trabajo y tengo que abandonar un segundo el tema del desastre en el Aeropuerto de Tegucigalpa.
Regreso en 30 minutos y tengo informantes en cada ventana del messenger con mas detalles, muchos detalles. Lastimosamente no puedo enterarme de todos porque debo regresar a mis labores normales, enfocarme en mi trabajo.
Al cabo de unas tres horas decido conectarme de nuevo y ya es el tema del día. Los “IDs” del messenger tienen mensajes como “Se calló un avión aqui enfrente” “Yo por eso no viajo con Taca” “El aeropuerto Toncontin es una trampa mortal” “Toncontin no more” etc. etc. etc.
Mi bandeja entrada de correos personales me sorprende ¡wow! un mail: “Fotos del accidente de Taca” Y la primera foto que veo es la de un hombre cuya importancia en el ambiente financiero de la zona es muy reelevante, está en una camilla sujetada por varios individuos cuyos rostros son clásicos de nuestra raza . Me parte el corazón ver a esta persona en esta situación, me recuerdo a mi misma que no somos nada y que la muerte nos espera a todos y siento angustia por sus familiares, pesar por perderse una vida como esa y miedo de las adversidades.
Dicen los periodistas que los curiosos retrazan las labores de rescate y que también entre ellos hay muchos salvando vidas. Los bomberos y las ambulancias se vuelven los verdaderos elementos logísticos salvadores. Las fotos son impresionantes. El avion, o mejor dicho lo que queda de él, yace magestuso e imponente partido en dos pedazos y ocupando una de las vias de comunicacion importantes de la ciudad…
Justo en este momento empiezo a preguntarme quien es el desocupado que corrio a la escena del accidente fatal y luego corrió a enviar las imágenes masivamente por correo electrónico, porque en cuestión de minutos tengo el mismo email repetido desde varios remitentes. Y me pregunto porqué ha sido tan tonto o tan buena gente de enviar las imágenes a todo el mundo sin antes venderlas con exclusividad. O quizás si las vendió. O quizás es un buen samaritano que intenta satisfacer el morbo de nosotros, los que pinchamos en “abrir” los archivos a sabiendas de lo que vamos a encontrar.
Siento mucha pena e imagino el dolor de los parientes y amigos de los muertos. Y me pregunto cuando me tocará a mi…
Al día siguiente veo los titulares con información ya conocida y con la novedad de que el presidente de la República de Honduras desea clausurar ese aeropuerto, habilitar otro y etc. etc. etc. Yo me digo a mi misma “este baboso cree que solo es de soplar y hacer botella”. Que hombre tan imprudente y exhibicionista. Hay muchos artículos relacionados, los clásicos, relatos de espectadores, curiosos, pasajeros; anécdotas de las víctimas, de los que casi se suben al avion y se salvaron por gracia de Dios y escenas de los hospitales con entrevistas a los heridos.
Llega el fin de semana y el avion sigue allí, inerte, magestuso y tétrico. El sábado que no trabajo, suelo conectarme por ratos a mi messenger y Denia, quien fue mi primera informante porque trabaja a pocos metros del sitio fatídico me comenta que desde las mañanas han llegado turistas… Yo me pregunto.. ¿De qué estamos hablando? Si, efectivamente, llegaron los turistas. Creo que me imagino la escena y los clasifico:
Turistas sentimentales: los que toman fotos para recordar la tragedia y para mostrarleselas a los demás con lágrimas en los ojos y muestras de pesar; turistas colleccionistas: llegan con seguetas y cortadoras de metal, estos son los que desean llevarse algún recuerdito del evento, quizás tengan suerte y hay alguna cartera tirada de algún pasajero por alli con billetes de los verdes, tratan de ver si hay alguna oportunidad de colarse al avion para romper la puerta del equipaje y sacar las pertenencias de las víctimas y coleccionarlas en casa, pero se dan cuenta que han llegado tarde.
También hay turístas trágicos que solo llegan a lloriquear y a decir: “como han podido sobrevivir… es un milagro! ¡Dios estas aerolineas! ¡Dios estos aeropuertos mal construidos” Dan oraciones por los fallecidos y a oran para dar gracias por no estar en ese avión. También están los turistas morbosos crónicos, los que se exitan de ver pieza por pieza los detalles del pajarote y se exaltan al imaginarse el momento justo del accidente y se lamentan por no haber estado alli en ese momento, por haberse perdido la emoción irrepetible cuando se veia el fallido aterrizaje y la desmembración del enorme aparato.
Dicen que el Domingo después del accidente llegaron mas turistas de todo tipo, solos, en grupos pequeños y grandes cada cual a satisfacer su propia necesidad. Las parejas adolecentes también llegaron cogidas de las manos a consolarse el uno con el otro y se dicen que van a recordar ese triste momento toda la vida y que lo fueron a ver juntos.
Para ofrecer una verdadera oferta turística y promocionar nuestra virtud como huespedes estaban desde muy temprano los carritos de hot dogs, la señora con un tambo en proceso de combustión para asar las carnitas y calentar las tortillas. Hasta una de las pizzerias ha llevado su carrito colorido con calentador incorporado. Y por supuesto no faltaron los vendedores ambulantes con refrescos, cervezas, agua… ¡Ah! y no podrían faltar la venta de las camisetas con la foto del avion estrellado y de fotografias estratégicas.
Se me olvidaba, no pudo faltar el turista economista, el que llevó su propia cámara, sus bocadillos y sus refrescos para no gastar. Ese no dio negocio ese día, solo hizo bulto.
Entre el flash de las fotos, los carritos de hotdogs, la cocina a la intemperie y la muchedumbre parlante parece que a nadie se puso a pensar en que había combustible derrochado en el ambiente…
En un artículo publicado unos días después del accidente, entrevistaron a los comerciantes ambulantes, quienes expresaron su interés en no marcharse del sitio hasta que bajara la afluencia de turistas, hasta ese entonces regresarán a sus antiguos sitios de venta porque ¡Aquí sí hay negocio!.
Me da por pensar que los hondureños nos pasamos de la raya y caemos en la imbecilidad, luego reflexiono y me doy cuenta que hay otros lugares en el mundo donde se paga el derecho por conocer sitios donde la humanidad ha sido víctimas de grandes desgracias o de crueles adversidades (no quiero enumerarlos por miedo a represalias, pero son muchos) y eso está socialmente aceptado, permitido y hasta publicitado.
Entonces creo que la ignorante soy yo, la intolerante y criticona soy yo… Posiblemente debería de abrir los ojos y empezar a ver mas allá de lo evidente, por ejemplo en vez de hacer ironía sobre el comportamiento de mis compatriotas y de todos los que llegaron a conocer el sitio del accidente, debería estar pensando en crear un sitio web alusivo, con la opción de venta onliine con los pedacitos de avion que pudiera conseguir si mando a mis hermanos a recogerlos y a hacer fotos de detalles que nadie ha podido ver. O merchandising de la tragedia……………

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