Te veo mitad floreciente, mitad en ruinas, mitad mía, mitad ajena.
Hoy tienes verdugos, ayer tenías centinelas ¿Cómo te abandonamos así?
Aquellos pinares tupidos son hoy campos grises y áridos, los ríos fuentes de pestilencia y la gente está presa de paranoia. Los niños de la calle se han multiplicado por cien y los ladronzuelos de carteras son ordas de sicarios vendidos al mejor postor.
En la plaza central los peatones ya no pasean, todos corren despavoridos y miran a su alrededor con miedo, con incertidumbre y con recelo. El de atrás piensa que el de al lado puede robarle y éste huye de la mirada constante del otro, ambos se sienten presas del cazador. El de adelante sujeta sus pertenencias porque los de atrás le siguen con insistencia y de repente el incidente sucede a varios metros, sin ser ninguno de los tres los protagonistas y sienten alivio de no ser ellos sin detener su marcha.
Las casa permanecen selladas cuál prisión de máxima seguridad y las tiendas y comercios parecen la reserva federal, mucha de alarmas y cámaras de seguridad. Las mujeres ya no usamos joyas para andar y los hombre ya renunciaron a las gorras y a las gafas de sol de calidad. Todos sitiados por nosotros mismos, por una realidad latente y una paranoia bien fundada.
Pero a veces veo eso otro que nadie quiere aceptar, la riqueza humana del capitalino representado por un mestizo amable y hospitalario, los senderos húmedos y selváticos de La Tigra, el clima fresco del Hatillo y el tradicional Picacho. Las pocas personas que somos siempre relacionados unos con otros, los secretos aquí no existen y por las noches todos vamos al mismo lugar.
Nos cobijan pinares ahora solo a los alrededores y el Cristo del Picacho nos observa siempre, día y noche. Aquí es donde todo sucede, donde somos los protagonistas de la vida política y social, donde vienen todos los de el interior y los de afuera, donde nací yo y cientos de miles mas, donde es caliente por el día y fresco por la noche, donde el fútbol cierra cualquier herida y donde el Motagua y el Olimpia siempre perderán o vencerán.
Es esta pequeña ciudad, sitiada por la inseguridad y la paranoia que ésta a traído con sigo, la que quiero verse levantar.
Mi querida ciudad.

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