La universidad pública hondureña, el estandarte de un pueblo pobre pero con grandes aspiraciones ya no lo es.

De templo del saber a madriguera de rufianes, de fuente de sabiduría a  yacimiento de imbecilidad, de motivo de esperanza a sentimiento de culpabilidad, de instrumento de superación a escuela de mediocridad; así evolucionó mi universidad.

Una asociación de individuos abusivos, deshonestos y petulantes manipulan el futuro a favor de intereses ajenos al alma mater y propios de la mas vil burocracia. Un presupuesto invertido en satisfacer sus caprichos y unos estudiantes apáticos, indiferentes en su mayoría, todos culpables de esta decadencia anunciada.

¡Dadle el poder a las masas!  ¡Eh aquí el resultado! Brivones acostumbrados a exprimir los recursos destinados a fines auténticos, hoy, definiendo si este pueblo desgraciado puede optar a la profesionalización de una vida laboral. Horda de rufianes liderando los intereses de haraganes, cobardes y aprovechados.

Eso es el Sindicato de la UNAH, una vergüenza nacional. No hay que sacar de la misma categorización a los remedos de organizaciones estudiantiles y de docentes… ¡Si Dios pudiera protegernos de éstos!

Mi pobre pueblo azotado por la carencia de líderes honestos, mi pobre pueblo guiado por seres sin escrúpulos, orgullosos de su basura ideológica y hablando en nombre de los demás. Mi querida Honduras hundiéndose.

Y este mismo pueblo indiferente, haragán y pesimista.

¡Es esto el caos?

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